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Reconstrucción lenta e insuficiente

Siempre he sentido que el tiempo tiene otro concepto en México. Desde esta semana, hay un nuevo comisionada para la reconstrucción de la Ciudad de México (CDMX). Este funcionario, Edgar Oswaldo Tungüi, dijo, según reportes en medio, que “la reconstrucción no tardará 32 años”, con referencia a la duración entre el devastador sismo de 1985 y el del año pasado. ¡Ah, que bueno, que alivio! Pero, espérame, que desafortunada cosa que decir: Perdóname, Sr. Tungüi, yo, personalmente, estaba más pensando en 3 meses o 3 años, no en más que 30. ¿Que alivio debería ser un comentario como ese? Para mi no es ningún alivio. Es hasta que otra muestra que el gobierno de la CDMX – y me temo que también el gobierno federal de México, porque hablamos de una crisis nacional – tiene otro concepto de que es buena gobernanza que yo.

Pasaron casi seis meses desde el 19 de septiembre. Hablamos de medio año. Casi 25 semanas. Más que 170 días. Y hasta hoy en día, en la zona donde vivo, que es una zona de clase media-alta, hay edificios acordonados, desalojados – estos edificios se ven bastante mal, pero no están adentro de los alrededor 50 edificios que ya cuentan con decision oficial de las autoridades que deben ser demolidos. Están adentro de los cientos de edificios que están en algún tipo de tramite: que reciben los dictámenes finales de en que estado estructural están, o que esperan al plan de un ingeniero civil de como exactamente uno debe repararlas, o que los dueños de sus condominios están en negociaciones como arreglar los daños y como pagarlo. Y estos procesos se han tardado, y siguen tardándose. Aquí algunas impresiones:

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Atras de estos muros, hay cientos de historias. Familias que tenían que salir de sus hogares, quedarse con algún familiar o rentar otro departamento. Familias que todavía viven en incertidumbre porque no saben que pasará con su patrimonio; que no saben como avanzarán con su vida en esta ciudad. Creo que después de casi 6 meses, los casos de estos edificios en limbo, de estas familias en limbo, deberían ser mucho menos.

El otro problema es el tipo de ayuda, de apoyo. Que es francamente insuficiente. Hace una semana participé en el “diagnóstico socioeconómico para las personas afectadas por el fenómeno sísmico 19S”. Me preguntaron mi edad, mi nivel educativo, cuanto gano al mes. Me preguntaron si mi vivienda fue afectada a raíz del sismo del 19 de septiembre, y si obtuve algún dictamen de seguridad estructural después que clasificara mi casa en riesgo. Al final, querían saber si soy beneficiaria de alguno de los programas que inició la CDMX después del sismo: ¿Albergues, comedores? No, afortunadamente podríamos quedarnos con mi suegra, luego rentar un nuevo hogar durante nuestro departamento fue reparado. ¿Entrega de kit de material para reconstrucción, de láminas y polines para apuntalamiento? No, nuestro edificio esta hecho de concreto y tabiques, entonces no nos sirven láminas, y afortunadamente no necesitaba apuntalamiento. ¿Apoyos para renta? No, porque después de los primeros fraudes, el proceso se hizo más complicado que decidimos de no seguir adelante pedir los 3000 pesos de apoyo por 3 meses. Si uno tiene un trabajo exigente, no es tan fácil de acudir a diferentes oficinas, esperar su turno por algunas veces horas.

Que no me preguntaron era: ¿Cuanto les ha costado de reparar los daños? ¿Alguien les apoyó? ¿Que ha ofrecido la CDMX hasta hoy en día, para ustedes era una ayuda? ¿Están contentos con como ha manejado el gobierno la reconstrucción? Para mi, estas son las preguntas claves. Pero, a lo menos de mi lado, resultarían en respuestas poco cómodas para el gobierno.

Aparte del equipo de protección civil que vino a nuestra casa directamente después del sismo para hacer una evaluación rápida del estado de nuestro edificio, no hemos recibido ningún apoyo. Teníamos mucha suerte en la mala suerte: Nadie se murió, nadie se lastimó, nuestro edificio no colapsó, no sufrió daño estructural, pero habían daños en muros, en ventanas, sufrió un cortocircuito el elevador, lo mismo pasó con la bomba de agua. Siguió un periodo de casi seis meses de reparaciones; están por terminar los arreglos en los últimos departamentos de nuestro edificio. Seis meses. Para mi era un tiempo largo. Pero viendo muchos edificios en mi zona, estuvimos rapidísimos, reaccionamos de manera impresionante. Lo podríamos hacer porque no teníamos que esperar que nos apoya el gobierno, lo hicimos todos los dueños de los 21 departamentos de nuestro edificio.

Mi lección aprendida del sismo del 19 de septiembre y de la reacción del gobierno después es: No puedes confiar en que las autoridades te van a ayudar. En un país como México, con más que 120 millones de habitantes, 53 millones de ellos viviendo en pobreza (43.6%), con 30 millones de personas laborando en el sector informal, yo con mi trabajo fijo, recibiendo un sueldo cada mes y pagando impuestos, ya soy una de las pocas afortunadas. Entonces: Tienes que prepararte, tienes que prevenir. No previenes sismos, viviendo en una zona sísmica como México. Pero en enero, finalmente aseguramos nuestro departamento. Con las condiciones existentes de seguros de casas (deducibles y coaseguros para las zonas más afectadas en 3 y 30%), no nos ayudaría en caso de daño parcial, como lo hemos vivido hace casi un medio año. Pero en caso de perdida total, que espero que nunca, nunca vamos a vivir, nos ayudaría. Puede sonarse ilógico, pero viendo que se quedaron gentes con nada después del sismo y que no recibieron casi nada de apoyo, me daba una tan tristeza.

Entiendo que un gobierno siempre debe ayudar a las personas que más lo necesitan. Y había muchas necesidades en los estados de Oaxaca y Chiapas, y en zonas pobres de la CDMX como Xochimilco e Iztapalapa. Pero reconstruir una casa en Xochimilco no cuesta lo mismo que reconstruir un departamento en la colonia Del Valle, Condesa o Juárez. Pero también en estas zonas, la gente tiene que seguir viviendo, apoyando a sus familias, pagando vivienda, comida, hasta la colegiatura de sus hijos y la consulta médica. Son muchas personas que con sus trabajos formales contribuyen al ingreso del estado, pero que casi no reciben nada en retorno. Creo que también deben ser escuchados y atendidos.