Einigkeit und Recht und Freiheit

Nach mehr als 16 Jahren im Ausland bin ich diesen Sommer zurück nach Deutschland gezogen. Es ist eine Rückkehr in meine Heimat, aber auch in ein Land, das sich teilweise sehr verändert hat. Wobei das nicht singular für Deutschland zutrifft – kein Land der Welt sieht heute mehr so aus wie im Jahr 2002. Anhaltende Industrialisierung, Digitalisierung, Klimawandel, Finanz- und Staatsschuldenkrise, Demokratisierungsbewegungen wie der Arabische Frühling, in einigen Ländern verheerende Kriege – all das hat seine Spuren mehr oder weniger stark in den USA, Brasilien, Ägypten, Russland oder China hinterlassen.

In der Zeit im Ausland – in Mexiko, den Niederlanden, Österreich und zuletzt wieder Mexiko – habe ich immer Kontakt zu Deutschland gehalten. Ich habe einigermassen versucht, die Nachrichtenlage nicht aus den Augen zu verlieren, war regelmässig hier. Aber das war nur zu Besuch, meist im Sommer, geprägt vom Austausch mit der Familie, Treffen mit Freunden, ein bisschen Sightseeing, damit die Kinder wenigstens mal den Hamburger Hafen und die Speicherstadt gesehen haben.

Wir haben die vergangenen Jahre in einem Land gelebt, in dem 44 Prozent der Bevölkerung arm sind; mehr als 53 Millionen Menschen. Diese Personen haben in der Regel weniger als 3000 Pesos im Monat zur Verfügung, das sind nicht mal 150 Euro. Sie leiden häufig an Hunger, leben in Hütten aus Holzlatten und Wellplastik, in den Kliniken in ihren Gegenden fehlen Ärzte und Medikamente, ihre Kinder gehen, wenn überhaupt, auf schlechte Schulen. Die lokale Mittelschicht – die, typisch für ein Schwellenland, deutlich kleiner ist als in Industriestaaten – erlebte in den vergangenen zehn Jahren einen deutlichen Verlust ihres Realeinkommens. Nur den Reichen geht es immer besser; 16 Mexikaner zählt Forbes allein auf seiner Milliardären-Liste. Das Land leidet unter organisierter Kriminalität und Gewalt (Mordrate von rund 20 (im Vergleich: Deutschland 1, Brasilien 30)). Die Straflosigkeit liegt bei über 90 Prozent. Mexikaner sehen in der Regel die Polizei nicht als “Dein Freund und Helfer”, das Vertrauen in den Staat ist in den letzten Jahren nochmal wieder weiter abgesackt.

Dies ist mein persönlicher Erfahrungshintergrund. Und deswegen kann ich es nicht glauben, was gerade in Deutschland passiert. Genauer gesagt, in der deutschen Politik. Die Spitzen der Grossen Koalition – die Bundeskanzlerin, ihr Innenminister und Chef der Schwesterpartei CSU sowie die Vorsitzende der SPD-Fraktion – entscheiden sich dagegen, einen Verfassungsschutzpräsidenten, der in seiner Arbeit schweres Fehlverhalten an den Tag gelegt hat, vernünftig zu entlassen. Sie brauchen die Entrüstung in der breiten Öffentlichkeit, um zu merken, dass ihre Position gegen jedweden gesunden Menschenverstand verstösst. Damit zeigen Merkel, Seehofer und Nahles, wie weit sie sich von der Lebensrealität ihrer Bürger entfernt haben; leider nicht das erste Mal in den vergangenen Monaten.

Dies passiert in einem Umfeld, in dem in Chemnitz offen fremdenfeindliche Parolen geschrien wurden und die Rechtspartei AfD, bereits drittstärkste Kraft im Bundestag, nach aktuellen Umfragen sogar die ehemalige Volkspartei SPD hinter sich lassen würde. Daneben müssen so komplizierte Probleme wie langfristig sichere Renten, die Preisexplosion auf dem Immobilienmarkt und fehlende Lehrkräfte und Pflegepersonal gelöst werden. ABER – trotz allem, geht es Deutschland und den Deutschen so gut. Man muss gar nicht bis nach Mexiko gucken, um das zu verstehen. Und Mexiko liegt entwicklungsmässig noch deutlich vor Bolivien, Ägypten oder Indonesien.

Die Regierung ist in einer der schwersten Krisen der deutschen Demokratie der Nachkriegszeit und versteht nicht, dass sie die nur gemeinsam angehen kann. Sicher, die Lage ist schwierig, aber das ist sie meistens. Angela Merkel sollte so mutig sein, Horst Seehofer in die Schranken zu weisen. Die CSU sollte verstehen, was gerade auf dem Spiel steht. Andrea Nahles sollte dafür sorgen, dass das Führungsteam der GroKo nicht den Reality Check vergisst. Ein Jahr nach der Bundestagswahl und nur sechs Monate nach Antritt der Regierung muss nach vorn geguckt und Verantwortung übernommen werden. Denn Neuwahlen sind sicher keine Alternative.

#19S

El día de hoy, mis pensamientos están con mis queridos en México.

Ustedes son luchadores. Son, porque no hay de otra. Luchan por si mismo, por sus hijos, sus nietos, su familia, sus amigos. Vivimos todos los sismos del 19 y del 7 de septiembre de 2017 – los desastres naturales en estos días, los esfuerzos de rescate y ayuda en los días y semanas siguientes, y desafortunadamente también respuestas de autoridades no adecuadas. Cabe mucho que hacer, y espero que los gobiernos – federales, estatales, municipales – de cualquier color toman la responsabilidad para apoyar a su gente. Que sean buenos gobiernos, funcionando, eficaces, sirviendo a la gente. Porque eso es la “razón de ser” de un gobierno, ninguna otra.

Estoy pensando en ti, México, hoy! Prevención de cualquier forma – tener leyes inteligentes, implementar reglamentos, construir casas y edificios duraderas y infraestructura resiliente, entrenar sistemas de rescate – es indispensable para vivir en una zona sísmica! México vive mucho más retos que otros países. Por eso, estamos con México!

Reconstrucción lenta e insuficiente

Siempre he sentido que el tiempo tiene otro concepto en México. Desde esta semana, hay un nuevo comisionada para la reconstrucción de la Ciudad de México (CDMX). Este funcionario, Edgar Oswaldo Tungüi, dijo, según reportes en medio, que “la reconstrucción no tardará 32 años”, con referencia a la duración entre el devastador sismo de 1985 y el del año pasado. ¡Ah, que bueno, que alivio! Pero, espérame, que desafortunada cosa que decir: Perdóname, Sr. Tungüi, yo, personalmente, estaba más pensando en 3 meses o 3 años, no en más que 30. ¿Que alivio debería ser un comentario como ese? Para mi no es ningún alivio. Es hasta que otra muestra que el gobierno de la CDMX – y me temo que también el gobierno federal de México, porque hablamos de una crisis nacional – tiene otro concepto de que es buena gobernanza que yo.

Pasaron casi seis meses desde el 19 de septiembre. Hablamos de medio año. Casi 25 semanas. Más que 170 días. Y hasta hoy en día, en la zona donde vivo, que es una zona de clase media-alta, hay edificios acordonados, desalojados – estos edificios se ven bastante mal, pero no están adentro de los alrededor 50 edificios que ya cuentan con decision oficial de las autoridades que deben ser demolidos. Están adentro de los cientos de edificios que están en algún tipo de tramite: que reciben los dictámenes finales de en que estado estructural están, o que esperan al plan de un ingeniero civil de como exactamente uno debe repararlas, o que los dueños de sus condominios están en negociaciones como arreglar los daños y como pagarlo. Y estos procesos se han tardado, y siguen tardándose. Aquí algunas impresiones:

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Atras de estos muros, hay cientos de historias. Familias que tenían que salir de sus hogares, quedarse con algún familiar o rentar otro departamento. Familias que todavía viven en incertidumbre porque no saben que pasará con su patrimonio; que no saben como avanzarán con su vida en esta ciudad. Creo que después de casi 6 meses, los casos de estos edificios en limbo, de estas familias en limbo, deberían ser mucho menos.

El otro problema es el tipo de ayuda, de apoyo. Que es francamente insuficiente. Hace una semana participé en el “diagnóstico socioeconómico para las personas afectadas por el fenómeno sísmico 19S”. Me preguntaron mi edad, mi nivel educativo, cuanto gano al mes. Me preguntaron si mi vivienda fue afectada a raíz del sismo del 19 de septiembre, y si obtuve algún dictamen de seguridad estructural después que clasificara mi casa en riesgo. Al final, querían saber si soy beneficiaria de alguno de los programas que inició la CDMX después del sismo: ¿Albergues, comedores? No, afortunadamente podríamos quedarnos con mi suegra, luego rentar un nuevo hogar durante nuestro departamento fue reparado. ¿Entrega de kit de material para reconstrucción, de láminas y polines para apuntalamiento? No, nuestro edificio esta hecho de concreto y tabiques, entonces no nos sirven láminas, y afortunadamente no necesitaba apuntalamiento. ¿Apoyos para renta? No, porque después de los primeros fraudes, el proceso se hizo más complicado que decidimos de no seguir adelante pedir los 3000 pesos de apoyo por 3 meses. Si uno tiene un trabajo exigente, no es tan fácil de acudir a diferentes oficinas, esperar su turno por algunas veces horas.

Que no me preguntaron era: ¿Cuanto les ha costado de reparar los daños? ¿Alguien les apoyó? ¿Que ha ofrecido la CDMX hasta hoy en día, para ustedes era una ayuda? ¿Están contentos con como ha manejado el gobierno la reconstrucción? Para mi, estas son las preguntas claves. Pero, a lo menos de mi lado, resultarían en respuestas poco cómodas para el gobierno.

Aparte del equipo de protección civil que vino a nuestra casa directamente después del sismo para hacer una evaluación rápida del estado de nuestro edificio, no hemos recibido ningún apoyo. Teníamos mucha suerte en la mala suerte: Nadie se murió, nadie se lastimó, nuestro edificio no colapsó, no sufrió daño estructural, pero habían daños en muros, en ventanas, sufrió un cortocircuito el elevador, lo mismo pasó con la bomba de agua. Siguió un periodo de casi seis meses de reparaciones; están por terminar los arreglos en los últimos departamentos de nuestro edificio. Seis meses. Para mi era un tiempo largo. Pero viendo muchos edificios en mi zona, estuvimos rapidísimos, reaccionamos de manera impresionante. Lo podríamos hacer porque no teníamos que esperar que nos apoya el gobierno, lo hicimos todos los dueños de los 21 departamentos de nuestro edificio.

Mi lección aprendida del sismo del 19 de septiembre y de la reacción del gobierno después es: No puedes confiar en que las autoridades te van a ayudar. En un país como México, con más que 120 millones de habitantes, 53 millones de ellos viviendo en pobreza (43.6%), con 30 millones de personas laborando en el sector informal, yo con mi trabajo fijo, recibiendo un sueldo cada mes y pagando impuestos, ya soy una de las pocas afortunadas. Entonces: Tienes que prepararte, tienes que prevenir. No previenes sismos, viviendo en una zona sísmica como México. Pero en enero, finalmente aseguramos nuestro departamento. Con las condiciones existentes de seguros de casas (deducibles y coaseguros para las zonas más afectadas en 3 y 30%), no nos ayudaría en caso de daño parcial, como lo hemos vivido hace casi un medio año. Pero en caso de perdida total, que espero que nunca, nunca vamos a vivir, nos ayudaría. Puede sonarse ilógico, pero viendo que se quedaron gentes con nada después del sismo y que no recibieron casi nada de apoyo, me daba una tan tristeza.

Entiendo que un gobierno siempre debe ayudar a las personas que más lo necesitan. Y había muchas necesidades en los estados de Oaxaca y Chiapas, y en zonas pobres de la CDMX como Xochimilco e Iztapalapa. Pero reconstruir una casa en Xochimilco no cuesta lo mismo que reconstruir un departamento en la colonia Del Valle, Condesa o Juárez. Pero también en estas zonas, la gente tiene que seguir viviendo, apoyando a sus familias, pagando vivienda, comida, hasta la colegiatura de sus hijos y la consulta médica. Son muchas personas que con sus trabajos formales contribuyen al ingreso del estado, pero que casi no reciben nada en retorno. Creo que también deben ser escuchados y atendidos.

3 Monate…

…ist es her, dass das brutalste Erdbeben seit mehr als 30 Jahren Mexiko-Stadt durchschüttelte: 228 Menschen starben. 38 Gebäude stürzten ein, mehr als 15.000 erlitten Schäden. Drei Wochen nach dem Beben machte ich ein Foto von einem der eingestürzten Appartment-Häuser in unserer Gegend – ich fand es damals unverständlich und leicht verstörend, dass die Trümmer immer noch nicht weggeräumt waren, dass die Ruine des Gebäudes da noch immer an dieser vielbefahrenen Strasse stand, mitten in einem extrem dicht besiedelten Wohngebiet.

Die Ruine an der Ecke Gabriel Mancera und Escocia steht auch heute noch dort, unverändert. Nur mittlerweile habe ich mich daran gewöhnt.

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Denn in den vergangenen Monaten war ich so häufig ungläubig der Dinge, die hier geschehen. Die Bundesregierung von Präsident Enrique Peña Nieto und der Bürgermeister von Mexiko-Stadt, Miguel Angel Mancera, preisen die Erfolge des Wiederaufbaus: Melden x Millionen Pesos, die an die Opfer als Unterstützung gegeben; y Essen, die in Notunterkünften bereitgestellt; z Schulen, die wiedereröffnet wurden. Von den mehr als 1000 Gebäuden, die schwere Schäden in der Statik haben, wurden gerade mal 329 vom Institut für Bausicherheit untersucht; 102 davon sollen abgerissen werden, aber bisher wurde das bei nur fünf erledigt. Und das, drei Monate nach dem 19. September 2017.

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Viele Opfer befinden sich immer noch im bürokratischen Limbo. Typisches Beispiel: Strasse Zapata 252, im Bezirk Benito Juárez, wo auch wir wohnen. Ein Wohnkomplex, gebaut 1983, also vor dem letzten schweren Beben 1985. Drei Türme, sechsstöckig, mit Apartments, insgesamt 116 Familien lebten vor dem Beben dort. Das Gebäude wurde so stark beschädigt, dass es direkt nach dem Beben zwangsevakuiert wurde. Die Bewohner mussten bei Familienmitgliedern, Freunden oder in einer der Not-Herbergen unterkommen; bis heute. Denn es folgten diverse Untersuchungen mit unterschiedlichen, häufig widersprüchlichen Ergebnissen: Abrissreif! Oder nein, doch nicht, es kann repariert werden. Aktuell werden tiefergehende Studien gemacht, die nicht günstig sind. Falls diese ergeben, dass man das Gebäude retten kann, kommen erst die tatsächlichen Reparaturkosten auf die Bewohner zu. Kaum einer war versichert; die Quote für Gebäudeversicherung gegen Erdbeben lag vor dem 19. September bei weniger als 5 Prozent.

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Ich bin nach dem Beben zu diversen Ämtern gegangen, hab’ unterschiedliche Hilfscenter besucht. Es wurde uns folgende Unterstützung angeboten: Mietzuschuss von 3000 Pesos (grob 150 Euro) für drei Monate; eventuelle Reparatur durch eine der “Brigaden” der Stadt, wobei total unklar war, wie und wo man die beantragt; und schliesslich ein Kredit von bis zu 2 Millionen Pesos (100.000 Euro) zu einem Zinssatz von 9 Prozent, über 20 Jahre, bei dem nur der Zins gezahlt werden muss, die Tilgung wird einem erlassen. Das heisst aber, dass die Person über die 20 Jahre insgesamt 3,6 Millionen Pesos zurückzahlt. Vielen geht es so wie den Bewohnern des Apartmenthauses in der Strasse San Francisco 608, die ihren Ärger öffentlich gemacht haben: Bisher hilft uns keiner!

Unser Bezirksbürgermeister, Christian von Roehrich, hat vorgeschlagen, auf den Grundstücken der Gebäude, die eingestürzt sind oder abgerissen werden müssen, vom Privatsektor Neubauten hinsetzen zu lassen, die aber 35 Prozent mehr Wohnraum schaffen, als das Haus, das dort vorher stand. Die Wohnungen sollen dann, angeblich kostenfrei, an die Opfer gehen; das Bauunternehmen finanziert sich mit dem zusätzlichen Wohnraum, den es verkaufen kann. Der Plan kam nicht ganz so gut an, weil in unserem Bezirk soundso schon so viel gebaut wird, dass die Infrastruktur Probleme hat, Schritt zu halten (Verkehr, Wasser- und Abwasserversorgung, Grünflächen, etc.). Fakt ist, dass die Menschen in bestimmten Bezirken in Mexiko-Stadt einfach relativ gesehen zu wohlhabend sind, als dass ihnen die Regierung helfen wird, denn es gibt Zehntausende, die viel, viel schlechter dran sind, an die die Mittel erstmal gehen.

Heute hat Bürgermeister Mancera im Norden der Stadt 680 Personen ein neues Zuhause überreicht. Diese Menschen lebten noch immer in einem Camp, Opfer des Erdbebens von 1985. Über Twitter schickte MAM, Spitzname Manceras, Bilder in die Welt, auf denen er freudestrahlende Menschen drückt und Hände schüttelt. “Die Stadtregierung arbeitet daran, dass Menschen nicht in provisorischen Unterkünften leben müssen.”, textete er dazu. Man fragt sich, ob MAM sich der Ironie seiner Worte bewusst ist. Ein solcher Satz, nachdem diese Menschen 32 Jahre kein richtiges Zuhause hatten? Warum um alles in der Welt hat das so lange gedauert?

3 Wochen, 3 Monate, 32 Jahre. Zeit wird in Mexiko anders gemessen, zumindest, wenn Bürokratie mit ins Spiel kommt. Der grosse Wiederaufbau-Plan, der diesen Monat erlassen werden sollte, kommt jetzt wohl erst im Januar – die Weihnachtsferien sind leider dazwischen gekommen. Ich wünsche allen Opfern des Bebens vom 19-S, dass ihre Nöte von den Verantwortlichen ernst genommen werden! Das wäre das beste Weihnachtsgeschenk für diese verletzte Stadt.

Simulación

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Grité victoria demasiado temprano. Unos pocos días después de que suspendieron los trabajos en la construcción, otra vez estaban avanzando con la obra. Es un paso adelante, y uno o dos atrás. Es bastante frustrante. Si el reglamento dice que puedes construir edificios hasta 4 pisos, nada más, así debería ser. Y debería ser la responsabilidad de las autoridades (que dan los permisos para construir) que los desarrolladores cumplen con las normas. Llamo a las autoridades que hacen su chamba bien.

Éxito para Hidalgo

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Parece que la protesta tenía un impacto. Mi amiga vi este sello en viernes en la noche en la obra. Esperemos que no es nada más un acto de corto plazo, pero que la delegación asuma su trabajo de asegurarse que esta construcción cumple con las leyes y regulaciones. Estoy segura que sirvió el apoyo de los Supercívicos (www.supercivicos.com) y el hecho que tienen 1.3 millones de seguidores en Facebook…

El espíritu de Hidalgo en la Del Valle

Hoy en la mañana me fue a una protesta que organizaron algunos vecinos. En la calle Nicolás San Juan 828, en la colonia Del Valle Centro, están construyendo un edificio de departamentos. No es nada especial – hay cientos, si no miles de construcciones en nuestra delegación, Benito Juárez. Como es una calle secundaria – residencial, digamos – por ley se pueden construir hasta 4 pisos, no más. La desarrolladora de este edificio quiere construir 8 pisos, está anunciando 35 departamentos en total, en un terreno de menos de 500 m2. Desafortunadamente, ese tampoco es tan especial – se ven estas ilegalidades en bastantes lados.Photo 11-10-17, 7 50 29 AM

Pero esta vez, se juntaron vecinos para actuar en contra de estas ilegalidades, se fueron a la delegación a quejarse. Y que pasó? Nada.

Eso es el problema clave: Que las autoridades – que deberían ejercer leyes, que deberían asegurar que desarrolladores cumplen con las regulaciones, y que deberían proteger a la ciudadanía – no hacen su trabajo.

Es una vergüenza. Y es una tristeza. Mi esposo, mis amigos, yo – todos pagamos impuestos. Cada mes, 20 por ciento de mi sueldo se va directamente al estado mexicano. No tengo problema con el concepto de pagar impuestos. Creo que son importantes porque con esos el estado financia sus actividades – como educación, salud, seguridad, justicia. Para mi, el estado tiene tareas muy importantes que hacer para la sociedad.

La construcción en Nicolás San Juan 828 es nada más un ejemplo de que las autoridades no están cumpliendo con sus obligaciones. Es un deber muy local, no tan complejo, yo pensaría. No hablo de poner un fin al hambre en México, de terminar con la pobreza extrema, asegurar que todos los niños terminan bien la secundaria, o ofrecer mejor oportunidades a los hoy marginados. Hablo de verificar que construcciones en la capital siguen las normas. Porque estos normalmente tienen sus razones, como que ya existen problemas del abastecimiento de agua, de aguas residuales, de transporte, etc.

Lo escribí una vez – la lucha que empezó Miguel Hidalgo en 1810 todavía no ha terminado. “Muera el mal gobierno”, gritó el hace más que 200 años. NSJ 828 es un ejemplo de mal gobierno. Todos deberíamos demandar un buen gobierno en México y actuar para lograrlo. Agradezco mucho a estos vecinos de hoy en la mañana por hacer su contribución a esta lucha.

Unterstützung, die wirklich hilft

Heute Morgen besuchte ich das Help Center, das die Stadtregierung Mexikos für Personen eingerichtet hat, die vom Erdbeben vom 19. September betroffen sind. Eine Woche nach dem Beben hatte der Bürgermeister einen Wiederaufbau-Plan verkündet, der Hilfe für die Opfer versprach – gestaffelt nach der Schwere der Schäden an Haus oder Wohnung: Als grün wurden die Gebäude eingestuft, bei denen der Putz von den Wänden gefallen war oder Scheiben zerbrachen; gelb sind die mit heftigeren Schäden, in denen man jedoch noch wohnen kann; und das Zertifikat rot bekamen die, deren Statik so gelitten hat, dass sie nicht mehr bewohnbar sind. Zu letzteren gehören die rund 40 Gebäude, die beim Beben eingestürzt sind, sowie die eventuell bis zu 200, die abgerissen werden müssen. Aber auch grob 1000, deren “strukturelle Schäden” aufwendig und kostenintensiv repariert werden müssen.

Gerade die Personen, deren Eigentum als rot klassifiziert wurden, gerade für die sollte dieses Help-Center sein. In einem Zelt vor dem Finanzministerium von Mexiko-Stadt erklärt also der freundliche Herr in weissem Hemd und Steppweste, was die “Regierung” für die rund 20 Anwesenden tun kann. Er redet vom “Wohnprogramm für die Betroffenen des Erdbebens” und hält zwei Flyer in der Hand. Bei dem ersten Programm handelt es sich um eine Hypothek: Bis zu 2 Millionen Pesos, umgerechnet rund 100.000 Euro, gibt es, bei einem Jahreszins von 9%, über 20 Jahre, um sich eine neues Heim zu kaufen. Das Besondere: Die 2 Millionen müssen nicht getilgt werden, nur die Zinsen bezahlt. Beim zweiten Programm handelt es sich auch um eine Hypothek: Diesmal für die Reparatur der strukturellen Schäden von Wohngebäuden; hier kann die Eigentümerversammlung als Schuldner auftreten. Hierfür stünden bis zu 20 Millionen Pesos zur Verfügung, Konditionen wie beim ersten Programm.

2 Millionen Pesos, 9% Zinsen, über 20 Jahre – das sind 15.000 Pesos pro Monat, umgerechnet 750 Euro. Die Menge schüttelt den Kopf, darunter mehrere Nachbarn, deren Gebäude einsturzgefährdet ist, die nach dem Beben gerade noch einmal in ihre Wohnung durften, um wichtige Dokumente rauszuholen. Das sind Summen, die ausserhalb ihrer Möglichkeiten liegen. Der Herr vom Help-Center liest trotzdem die Voraussetzungen für die Hypothek vor: Einkommensnachweis. Und da kann er schon aufhören mit seiner Liste, denn die Frau neben mir hebt ihre Hand und sagt: “Ich habe kein Einkommen.” Viele Mexikaner arbeiten im informellen Sektor – sie zahlen keine Steuern, keine Sozialversicherung, eine Welt ohne Einkommensnachweise und Rente im Lebensabend. Der 85jährige Herr zu meiner Linken nickt. “Sie können auch die Einkommensnachweise ihrer Kinder oder Enkel einreichen”, schlägt der Beamte etwas verlegen vor.

Die Frau neben mir wird unruhig: “Mein Haus ist eingestürzt. Ich habe kein Einkommen. Ich bin hierhergekommen, weil ich dachte, dass Sie mir helfen. Ist das Ihre Hilfe?” Der Mann kommt etwas ins Schwimmen: Er spricht jetzt über Zuständigkeiten, hier biete die Stadt eben nur diese beiden Programme an, er könne nicht für eventuelle Angebote anderer Ministerien oder Institutionen sprechen. Die Frau ist enttäuscht; genau wie ich dachte sie, dass es sich um einen “one-stop-shop” für Betroffene handelt. Und dass man eben nicht diverse Ämter abklappern muss, in dieser Riesenstadt hin- und herfahren, lange Wartezeiten in Kauf nehmen, noch mehr Anstrengung in einer Situation, die soundso schon belastend genug ist. Aber so ist es nicht.

Beim Nachfragen entpuppt sich das Help Center denn auch als Einrichtung der Bundeshypothekengesellschaft (SHF), in Zusammenarbeit mit dem Bundesfinanzministerium (SHCP) – leider schwirrt viel Falsch- oder Teil-Information durch die Medien. Aber ein Finanzinstrument ist nicht das, was viele Menschen hier brauchen: Tausende haben ihr Heim verloren, müssen jetzt Miete zahlen, die sie sich nicht leisten können, weil sie schon vorher mit ihren Einkünften nur knapp bis zum Ende des Monats kamen. Für diese Menschen wurde bisher zu wenig angeboten. Da helfen auch nicht die 3000 Pesos (150 Euro) Mietzuschuss, die die Stadtregierung für bis zu drei Monate zahlen will. Diese – übrigens – muss man bei einem anderen Amt beantragen.

In tiefer Trauer

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Strassenkreuzung Gabriel Mancera mit Escocia, in der Colonia Del Valle, Mexiko-Stadt. Drei Wochen ist es her, dass dieses Mehrfamilienhaus in sich zusammenfiel. Mehr als zehn Menschen kostete es das Leben. Die Trümmer und Kränze erinnern daran. Das Foto ist von gestern.

Einen Block weiter steht die Schule meiner Kinder, Gott sei Dank ohne Schäden. Im selben Strassenblock leben drei meiner Freundinnen, auch sie, Gott sei Dank, gesund, ihre Häuser und Wohnungen heil. Hier traf das Beben ins Herz der oberen Mittelklasse dieser Stadt. Viele von uns werden lange brauchen, um mit den Folgen des 19. Septembers umzugehen und einigermassen wieder zur Normalität zurückzufinden.

19. September 2017

Vor zwei Wochen bebte die Erde in Mexiko. Sie bebte so heftig wie seit Jahrzehnten nicht mehr. Brutal, regelrecht gewalttätig war die Erde gegenüber Menschen, Gebäuden, allem, was ihr in die Quere kam. Mehr als 350 Menschen starben, davon allein rund 220 in der Hauptstadt. Die Richterskala zeigte 7,1 an, aber die Wucht, mit der das Beben Mexiko-Stadt erreichte, war stärker als beim letzten schweren Beben, 1985, weil das Epizentrum so viel näherlag; keine 400, sondern 120 Kilometer entfernt. 38 Gebäude stürzten in sich zusammen, mehr als 3000 sind beschädigt, eine ganze Reihe so stark, dass sie abgerissen werden müssen.

Das Datum 19. September wird für immer im Gedächtnis der Mexikaner bleiben: Denn bisher erinnerte man sich an dem Tag an das Beben von 1985, bei dem die Hauptstadt in bestimmten Stadtteile total verwüstet wurde: Rund 13.000 Menschen starben damals. Es war die schlimmste Katastrophe der jüngeren Geschichte Mexikos. Und genau an dem Tag, 32 Jahre später, erhebt sich die Erde erneut. Noch um 11 Uhr an dem Morgen hatten Zehntausende in der Hauptstadt den Ernstfall geprobt. Um 13:14 dann, zwei Stunden später, trat dieser ein.

Die Stadt ist immer noch überzogen von Schock, von Trauer, von Angst; zumindest in den betroffenen Zonen. Das moderne Mexiko-Stadt fand seinen Ursprung auf einem von den spanischen Eroberern trockengelegten See; mittlerweile ist die Megalopolis weit darüber hinausgewachsen. Aber wo früher See war, ist der Untergrund auch 500 Jahre später immer noch deutlich weicher als an anderen Orten – und verstärkt die Schwingungen bei Erdbeben teilweise bis zu 50fach. Im Westen und Südwesten der Stadt konnte man am Wochenende nach dem Beben denken, dass nichts passiert war: Menschen in Shopping-Malls, in Restaurants, im Supermarkt. Aber in der Condesa, Roma, Del Valle, Narvarte, Xochimilco – also Gegenden, die stark betroffen sind – waren Strassen gesperrt, halfen Soldaten und Tausende Freiwillige, unter Trümmern Überlebende zu finden, transportierten Menschenketten Schutt in Plastikeimern. Es gab eine Welle der Hilfsbereitschaft, die mindestens so besonders war wie das Beben.

Zwei Wochen nach dem Beben, sind auch wir noch in Schock, in Trauer, und in Angst. Unsere Wohnung und unser Gebäude haben nicht geringen Schaden genommen: Es lässt sich angeblich alles reparieren, aber die Bauarbeiten werden Monate dauern. Wir gehören also zu den Tausenden, die ihr Heim temporär verloren haben. Meine Söhne sitzen zu Hause (meine Schwiegermutter beherbergt uns gerade), weil ihre Schule immer noch nicht die Erlaubnis des Bildungsministeriums hat, um mit dem Unterricht zu beginnen. Das Schulgebäude ist in Ordnung, aber die Gegend um die Schule hat einfach enorm gelitten. Auch wir befinden uns noch im Ausnahmezustand, wie die Stadt, die unser Zuhause ist. Uns überkommt Traurigkeit, immer mal wieder, auch, wenn wir wissen, dass wir Glück im Unglück gehabt haben. Aber so nah ist das Unglück noch nie an uns herangekommen.